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1-10-2011

Anna & Eugeni Bach explain their latest project "Playhouse" in Pecha Kucha Barcelona.

 

Anna & Eugeni Bach exponen su último proyecto "Playhouse - La Casita" en una sesión especial de Pecha Kucha Barcelona y ArquinFAD en el auditorio del FAD. Jueves 6 de octubre a las 20h.

 

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LA CASITA

 

 

Autor:

Anna & Eugeni Bach, arquitectes

 

Colaboradores:

Uma y Rufus Bach

 

Fecha de proyecto:

Del 20 al 21 de julio de 2011

 

Fechas de inicio y finalización de la obra:

Del 10 al 24 de agosto de 2011

 

Superficie construida:

13,50 m2

 

Presupuesto total de la obra

800 €

 

Nombre del promotor / propietario:

Uma y Rufus Bach

 

Constructor:

Autoconstruido (Anna & Eugeni Bach)

 

Emplazamiento:

Granja de Pälölä, Nummi Pusula, Finlandia.

 

Fotografías:

Tiia Ettala

 

 

 

Cuando una pareja de arquitectos tiene hijos pequeños, siempre llega el día en que éstos preguntan:

 

-        Papá, mamá,... ¿Vosotros sois arquitectos, verdad?

-       Sí...

-       ¿Y hacéis casas a la gente?

-       Si, claro...

 

Y entonces viene la pregunta trampa:

 

-¿Y por qué no nos hacéis una casita a nosotros?

 

Ante tal situación, existen dos posibilidades: buscar alguna excusa para esquivar el tema, o prometerles que les harás una casita especialmente para ellos.

 

En tal situación nos encontramos antes del verano, y les prometimos que les construiríamos su casita en la granja de sus abuelos en Finlandia y, claro está, ante la insistencia y perseverancia de éstos, cumplimos entusiasmados con nuestra promesa.

 

La casita se basa principalmente en una sección, que es la estructura, muy simple, que se repite en dos módulos iguales aunque orientados en direcciones opuestas. Uno de estos módulos es a doble altura (a la escala de los niños), lo que permite que un adulto pueda entrar en la casa sin tener que agacharse. El otro módulo tiene dos niveles, conectados por una sencilla escalera permitiendo un juego más complejo en el interior.

 

Este sencillo punto de partida permite que, desde el exterior, la casita adquiera la presencia de un elemento casi abstracto, sin referencias a la escala, mientras que en el interior, al cruzarse los dos módulos, se identifique la sección prototípica de una casa de niños, con sus dos cubiertas simétricas, como las que nosotros mismos dibujábamos de pequeños.

 

El interior se convierte así en la reducción esencial de lo que los niños entienden por una casa: un espacio mayor que podría ser el salón, un espacio a menor altura donde podría ir la cocina y el comedor, y un altillo arriba, donde podría haber las habitaciones. Una casa completa, reducida en 13,5 m2. Aunque la abstracción del interior también permite hacer volar la imaginación, y aquellos espacios que podrían identificarse a un interior doméstico, se convierten repentinamente en las mazmorras de un castillo medieval, y el altillo en la torre principal desde la que disparar flechas a los enemigos.

 

La construcción de la casita duró dos semanas. Se hizo completamente de manera autónoma entre dos personas (nosotros mismos, más dos pequeños ayudantes), y fue un proceso tan gratificante como educativo: los niños vieron y entendieron que las cosas se consiguen con esfuerzo, y que uno mismo puede fabricarse sus propios sueños.

 

Para la estructura y los suelos se utilizó madera de abeto de la propia granja, de árboles plantados en los bosques de ésta por el bisabuelo de los niños, y cortados por su abuelo. El resto de la madera se compró en la ferretería del pueblo, madera de pequeñas serrerías de la zona.

Toda la casa está hecha de madera; estructura, suelos, paredes y cubierta, utilizando sistemas tradicionales de construcción de graneros tales como dejar la distancia de un clavo entre listones para que la casa ventile, o un sistema de cubierta hecha a partir de una simple supersposición de tablones de madera ranurada para evitar la entrada de agua.

Sólo unos pequeños vierteaguas de chapa galvanizada ayudan a sacar el agua y proteger los cortes de la madera de fachada.

 

La casa se pintó con unas franjas blancas verticales, que continúan por la cubierta y ayudan a explicar la sección origen del proyecto. El resto de la madera se deja sin tratar, de manera que con el paso del tiempo ésta irá tomando un tono grisáceo que contrastará cada vez más con las partes pintadas, enseñando de una manera más obvia cómo pasa el tiempo, y con éste, cómo van creciendo los niños. Estas franjas dan un carácter festivo al volumen, asimilándolo a una casita de feria o una antigua casita para cambiarse en la playa, aunque en este caso, su emplazamiento, en un entorno totalmente rural, rodeada de manzanos, todavía le confiere un carácter más onírico.

 

 

Photographs: Tiia Ettala

 

Pecha Kucha Barcelona

 

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